A partir de la década de los 90 se comienzan a generar unos procesos de crecimiento urbano acelerado en los países latinoamericanos. Antes de este periodo los procesos migratorios hacia las principales ciudades obedecían más bien a un fenómeno socioeconómico caracterizado por la búsqueda de alternativas en educación y empleo principalmente, migraciones del campo a la ciudad, y llegada de extranjeros al país en busca de asilo y oportunidades.
Desde los orígenes de los procesos de formación de las economías nacionales latinoamericanas, las ciudades principales asumieron el liderazgo, tanto de los procesos de integración económica de sus espacios nacionales, como de los de articulación con la economía mundial. En esta posición al culminar la fase de urbanización de la economía, en la que jugó un papel crucial la industrialización sustitutiva, el nivel de concentración productiva y demográfica en torno a estas ciudades se había intensificado notablemente. En este momento la mayoría de ellas (Ciudad de México, Sao Paulo, Buenos Aires, Bogotá, Santiago, Caracas y Lima) ya habían comenzado a transformarse en las áreas metropolitanas principales de cada país. La localización de este conjunto de actividades, determina que sea en las áreas metropolitanas principales en donde se estructuran los mercados de trabajo de mayor tamaño y más diversificados y dinámicos de cada espacio nacional.
Estos procesos de concentración metropolitana se han materializado en una incontrolable tendencia a la urbanización perimetral a partir de los núcleos urbanos originales, en un proceso en que la mancha metropolitana se expande de manera incesante, ocupando las áreas rurales que encuentra a su paso, desbordando los límites urbanos definidos en el momento anterior.
Esta modalidad de urbanización ha sido permitida, básicamente por la generalización de varios tipos de productos asociados a la evolución de un nuevo paradigma tecnológico: El automóvil y los diferentes tipos de transporte y las nuevas tecnologías de información y comunicación.
Estos factores contribuyeron poderosamente a dar viabilidad y a estimular una expansión conurbada, en la que diversos centros urbanos relativamente próximos son absorbidos por la mancha urbana en expansión o simplemente incorporados a la dinámica metropolitana. En algunos casos, como en los de Sao Paulo, Ciudad de México, Santiago de Chile, Bogotá, el resultado son áreas metropolitanas estructuradas a manera de archipiélagos urbanos o ciudades dormitorio.
En este sentido, lo que la liberación económica ha logrado, en lo esencial, ha sido despejar el camino para la afirmación de una lógica estrictamente capitalista en la producción y la reproducción metropolitana, al permitir una operación totalmente desregulada (o en el mejor de los casos, escasamente regulada) de dos tipos de estrategias sociales:
- Las estrategias empresariales, que utilizan el espacio metropolitano para el desarrollo de un tipo específico de actividad productiva urbana, vinculada a la construcción civil y a los negocios inmobiliarios.
- Las estrategias individuales o familiares de varios actores que, en función de preferencias por la vivienda unifamiliar, desbordan reiteradamente las diversas disposiciones establecidas con el propósito de regular el crecimiento y el funcionamiento urbano.
Puede decirse entonces que los negocios inmobiliarios, con la complicidad activa de la población urbana, juegan un papel fundamental en las tendencias actuales a la expansión metropolitana vía urbanización periférica conurbada.



